Una película de Tonie Marshall

que hace reflexionar sobre el acceso al poder de las mujeres.

 

¿Qué precio estamos dispuestas a pagar para llegar a compartir el poder?

¿Tenemos la fuerza y el coraje necesarios para soportar la presión?

¿Somos capaces  las mujeres de establecer  alianzas y estrategias adecuadas para hacer frente a esa competencia dura y a veces desleal de nuestros compañeros de viaje?

¿Qué aportamos al mundo empresarial,  al mundo laboral, que nos diferencia  hasta hacernos imprescindibles?

Éstas y otras muchísimas preguntas  se las hará cada mujer que vaya a ver la  película estrenada en  España por Wanda Films, “La número uno”. Dirigida por Tonie Marshall y  protagonizada  con brillantez por Emannuelle Devos traza una descripción fiel de la realidad femenina en nuestros días a través de las vicisitudes de una destacada ingeniera  francesa que opta a  convertirse en la primera mujer presidenta de una empresa del CAC 40, el índice bursátil francés,  con el apoyo de un lobby feminista.

“LAS MUJERES NO HEMOS SIDO EDUCADAS PARA SER EGOÍSTAS”.

Y digo “desleal” -quizás de manera políticamente incorrecta- porque recorrer una carrera profesional ligero de equipaje, sin “mochilas”, sin  la urgencia  de las responsabilidades familiares ni de la intendencia que tanto tiempo y energía restan, es jugar con ventaja. Ellos juegan con ventaja porque, como dice  la escritora Margaret Atwood referida  en esta película,  “las mujeres no hemos sido educadas para ser egoístas”.

Somos capaces de dirigir empresas  del IBEX y de solucionar cualquier cuestión doméstica, ¡claro! Eso ya está demostrado. Pero la carrera es desigual; no llegaremos a la meta con éxito si el otro 50% no cumple con sus responsabilidades.

La película muestra  todas estas cuestiones de manera contundente.

Las mujeres  debemos ocupar el lugar que nos corresponde en el entorno profesional y aún no hemos hecho más que empezar. Tenemos prisa porque hay muchas niñas y jóvenes detrás que necesitan espacio y modelos de actuación.

La sociedad pierde  mientras se retrasa nuestra plena incorporación.

Está demostrado por estudios  bien acreditados que la mujer desarrolla un papel muy importante de cohesión de equipos, está siendo protagonista del cambio de cultura empresarial hacia  entornos más inclusivos y participativos y sabe cómo manejarse con flexibilidad y eficacia en la gestión.

Para que la empresa, y la sociedad, aprovechen estas capacidades innatas de las mujeres ¿será necesaria la guerra, el enfrentamiento, las luchas de poder?

Para muchas ese es un precio demasiado alto.

La realidad es que hombres y mujeres nos sentimos amenazados  en este nuevo tiempo. Pero, evidentemente,  por cosas bien diferentes.

“Los hombres temen que las mujeres se rían de ellos y las mujeres temen que las maten” , esta frase  tan dura pronunciada por una  de las protagonistas de “La número uno” en referencia a  “La Maldición de Eva” de la  ya citada escritora canadiense  Margaret Atwood,  se queda grabada en la mente de los espectadores.

“LAS ARMAS DEL PODER”

Y no  es la única frase  que nos resuena de esta cinta de   Tonie Marshall.

“Esto es muy gordo para vosotras”  dice uno de los CEO haciendo referencia a la lucha por el acceso a la presidencia de la  multinacional de ingeniería a la que opta la protagonista. O “las mujeres no entienden nada del poder”. Es cierto, así nos ven muchos de ellos, incluso, a veces, nosotras mismas.

Pero  algunas de las expresiones dubitativas  de la gran ejecutiva solicitando el apoyo de su marido también responden a la realidad: “Sin ti no podré hacerlo,  te necesito”. Mientras él le comunica poco después que ha decidido cambiar de empresa e incluso de ciudad sin haberlo siquiera consultado con ella.

¿Es la manera de acceder al poder? ¿Utilizando -como sugiere  esta historia- las armas de la mentira, la deslealtad, el chantaje, lo más oscuro del poder ostentado hasta el momento por los hombres?

Sin duda  no podemos conformarnos con este modelo. “La número uno” nos hace reflexionar sobre estas cuestiones y toma partido.

En algunos momentos de una manera indirecta, mostrándonos  a la gran ejecutiva segura de sí misma, elegante y con un look neutro,  curiosamente siempre  con zapato plano, sin tacones , sin estridencias  ni sinuosidades,  con extraordinarias aptitudes ajenas al modus operandi de los hombres ;  presentándonos, en otras,   las incoherencias de los lobbies femeninos, tan necesarios para  establecer redes de apoyo  que faciliten  el acceso al poder,   pero sin operatividad  demostrada hasta el momento,  o representando a los hombres de negocios de una manera brutal, sin conmiseración ni siquiera entre ellos mismos.

Sin embargo, es posible otra manera de hacer. Un cambio de actitudes en ambos lados puede hacer mucho más fácil el encuentro, la cooperación. Algunos saben entenderlo -en la película se abre esa pequeña vía de esperanza- y aprovechan  la complicidad y la complementariedad de sus colegas femeninas. Solo de ese encuentro surgirá una nueva sociedad. ¿seremos capaces unas y otros? De momento “La número uno” nos da buenas pistas para la reflexión.

Escrito por:

Carmen Santos Garaicoechea  Consultora de comunicación y oratoria.