No cabe duda de que la sociedad actual, está en un momento de cambios continuos, profundos, y que afectan a sectores y actores en su totalidad. Sin lugar a duda, el cambio es constante, y está aquí para quedarse.

Es curioso: por un lado, no paramos de escuchar cómo la digitalización, la disrupción y el auge de las nuevas tecnologías está cambiando la manera de relacionarnos, haciéndonos más solitarios, postergando el contacto físico y el cara a cara. Por otro lado, en ocasiones la tecnología están provocando que se amorticen numerosos puestos de trabajo en prácticamente todos los sectores y que nos encontremos con una generación de profesionales que serán difícilmente reubicados en nuevos puestos de trabajo. A la vez están surgiendo nuevas oportunidades laborales para las que aún no están definidas todas las especificaciones técnicas.

Sin embargo, se está barruntando un movimiento social sin precedentes en el que no todo vale y en el que se aboga por la lucha contra la desigualdad en todas sus formas. Donde por primera vez, la frase “el dinero sólo no da la felicidad” parece no ser tan sólo una frase hecha. Y la evolución, dentro de la industria de gestión de activos, de las materias de inversión socialmente responsable, de los criterios medio ambientales y de gobierno y las inversiones de impacto son el botón que lo muestran.

Pero sobre todo, el crecimiento de los activos gestionados en fondos de igualdad de género es una “señal poderosa” de que los inversores quieren más opciones cuando se trata de buscar rentabilidad, exigiendo además de empresas competitivas, una sociedad más equitativa e igualitaria, en la que la valoración del compromiso y apoyo a la diversidad de género de las compañías analizadas, sea un elemento clave, junto a otros criterios Ambientales, Sociales y de Gobierno corporativo (ASG).

Dentro de esta corriente de sostenibilidad, que se inició con un primer fondeo en 1973, el Banco Santander, acaba de lanzar el primer fondo de inversión directamente relacionado con la igualdad de género en España, Equality Acciones, incrementando los 22,9 billones de dólares de esta industria de fondos sostenibles.

Tiene sentido para todos: para los accionistas, porque de conformidad con numerosos estudios científicos, la diversidad de género promueve mayor rentabilidad, innovación, mejora el gobierno corporativo, se posiciona de mejor manera para atraer el talento sin género y el entendimiento de una espectro mucho más amplio de consumidores. Para los inversores, porque las empresas mejor gestionadas son las que tienen mayores perspectivas de revalorización. Para los trabajadores, porque los equipos diversos son los que verdaderamente suman. Y así, para todos los actores involucrados con la compañía, directa o indirectamente.

¿Podéis imaginar la presión que puede ser para una empresa que cotiza, que una gestora con cientos de miles de millones de activos decida no invertir en ella porque presenta unos datos pobres en diversidad de género? ¿O porque la brecha salarial dista mucho de ser justa? Desde luego las consecuencias para esta empresa distan de ser idóneas: no sólo por la falta de apoyo financiero, sino por las consecuencias para su reputación.

Si a esto además le añadimos la cantidad de empresas de inversión que están primando las compañías que persigan la consecución de alguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU a alcanzar en 2030 (el número 5 persigue lograr la igualdad entre géneros y empoderar a mujeres y niñas) el revulsivo que puede provocar en las empresas cotizadas y, por ende, en la mejora de la igualdad de oportunidades es de un alcance espectacular.

Como decíamos al principio, estamos en un momento de cambio constante: y desde luego estos cambios pueden presentar grandes retos…. Pero también grandes oportunidades. Desde Woman Forward, estamos deseando verlos con ilusión y optimismo.

Ana Guzmán Quintana