Inteligencia Emocional
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Mirian Izquierdo Barriuso

PhD Presidenta de la Fundación Woman Forward | CEO de Comerciando Global | Consejera y autora especializada en gobierno corporativo

La inteligencia emocional como superpoder directivo

Llevamos años oyendo hablar de inteligencia emocional, pero a veces sigue tratándose como algo “blando”, casi accesorio. Sin embargo, los datos dicen otra cosa.

Daniel Goleman, en su clásico artículo para Harvard Business Review, mostraba que en los niveles más altos de responsabilidad, casi el 90 % de la diferencia entre líderes excelentes y correctos se explica por competencias de inteligencia emocional, no por coeficiente intelectual ni conocimientos técnicos.

Otros estudios posteriores han confirmado que los equipos con alta inteligencia emocional colectiva superan sistemáticamente a los demás en rendimiento.

Para las mujeres —y especialmente para las que aspiran a entrar en comités y consejos— esto es una magnífica noticia, pero también un desafío.

Otra pieza reciente de HBR señala algo incómodo: la percepción sigue siendo moneda de cambio en la carrera ejecutiva. Las oportunidades, proyectos estratégicos y patrocinios internos suelen recaer en quienes el entorno identifica como figuras de referencia.

¿Por qué importa tanto la IE para las directivas?

Porque, en la práctica, el trabajo de una líder se compone de gestionar conflictos abiertos y silenciosos, sostener la ansiedad del cambio, dar feedback difícil sin destruir la relación y motivar cuando los incentivos externos no alcanzan. Todo esto es inteligencia emocional aplicada.

Para las mujeres, además, la IE tiene un doble filo:
• Se espera de ellas que tengan “mano izquierda” y cuiden al equipo,
• pero pocas veces se reconoce la competencia estratégica detrás de esa capacidad.

Trabajar la IE desde un enfoque directivo significa ser capaz de leer la sala, identificar resistencias no explicitadas que bloquean decisiones y elegir conscientemente cuándo ser más directiva, cuándo más empática y cuándo simplemente escuchar.

Componentes clave de la IE en liderazgo

Siguiendo la estructura clásica de Goleman y la literatura posterior, hay cuatro dimensiones especialmente críticas:

  • Autoconciencia
    Saber qué sientes, por qué y cómo eso está afectando a tus decisiones en este momento.
  • Autogestión
    Regular tus emociones sin reprimirlas; mantener la calma en situaciones de presión; evitar reacciones impulsivas.
  • Conciencia social (empatía)
    Comprender lo que pasa en el equipo más allá de lo que se dice; captar dinámicas, miedos y motivaciones.
  • Gestión de relaciones
    Influir sin imponer, construir confianza y sostener conversaciones difíciles con respeto y claridad.

Las investigaciones de Harvard y otras instituciones muestran que estas habilidades no solo hacen a los líderes más “agradables”: están directamente vinculadas con la retención de talento, la innovación y los resultados financieros.

La IE se entrena (y se entrena distinto para líderes)

La inteligencia emocional no es un rasgo fijo; es una capacidad que se puede desarrollar. La mala noticia es que no mejora solo leyendo libros. Requiere:

  • Espacios de autoevaluación honesta (un 360 bien diseñado es oro).
  • Feedback específico, no genérico.
  • Práctica guiada y seguimiento, especialmente en situaciones reales de presión.

En IMPACTA, la inteligencia emocional no es un añadido simpático: es uno de los pilares del programa. La trabajamos con herramientas concretas para que las directivas puedan liderar equipos exigidos, gestionar su propio estrés y sostener conversaciones difíciles sin perder su centro.

Porque, como dice Goleman, cuando subes en la organización la diferencia ya no está en lo que sabes, sino en cómo eres capaz de relacionarte contigo y con los demás.

Para más información sobre el programa IMPACTA, sus modalidades y el proceso de inscripción:
Programa abierto también a directivas de Latinoamérica en modalidad online.
https://womanforward.org/liderazgo-f-impacta/ | info@womanforward.org

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Consejo de Administración
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Mirian Izquierdo Barriuso

PhD Presidenta de la Fundación Woman Forward | CEO de Comerciando Global | Consejera y autora especializada en gobierno corporativo

¿Qué buscan hoy los consejos de administración y directorios en sus nuevos miembros? 

El acceso a un Consejo de Administración o a un Directorio ya no depende únicamente de una trayectoria impecable o del prestigio profesional. Las organizaciones están enfrentando un entorno mucho más exigente: tecnológico, regulatorio, reputacional y estratégico. Por eso, los perfiles que se incorporan a estos órganos deben aportar algo más que experiencia: visión, valores, capacidad de adaptación y formación específica.

  1. Pensamiento estratégico y visión global

En un contexto de incertidumbre constante, los consejos necesitan personas capaces de mirar más allá del día a día operativo. Se valora especialmente a quienes entienden la estrategia como un proceso dinámico, saben analizar el entorno y pueden anticipar escenarios futuros. Esto aplica tanto a empresas cotizadas como a empresas familiares o startups en expansión.

Si añadimos que las mujeres siguen soportando más responsabilidades fuera de la oficina, el resultado es una ecuación imposible… salvo que la empresa haga algo diferente.

Cuando trabajas con directivas de nivel medio-alto, la foto se repite: sobrecarga crónica, poco espacio para trabajo estratégico, falta de apoyo estructurado y sesgos sutiles que las encasillan como “excelentes ejecutoras”, pero no necesariamente como “figuras de dirección”. A esto se suma el desgaste emocional, que McKinsey denominó la “gran ruptura”: mujeres líderes abandonando sus puestos en cifras récord por carga de trabajo, falta de reconocimiento y escasa flexibilidad real.

  1. Conocimiento en sostenibilidad y ESG

Las exigencias regulatorias y sociales hacen que la sostenibilidad (ambiental, social y de gobernanza) sea un tema permanente en la agenda de cualquier órgano de gobierno. La capacidad de supervisar correctamente las políticas ESG, de entender su impacto financiero y reputacional, y de garantizar una cultura empresarial ética, es hoy un requisito imprescindible.

  1. Independencia de criterio y ética

Más allá del tipo de consejero o directora (independiente, dominical, ejecutiva…), lo que se espera de cada miembro es un compromiso con el bien común de la empresa, la objetividad en sus decisiones y una actitud ética inquebrantable. La independencia de criterio es la base para una toma de decisiones transparente y colegiada.

Para más información sobre el programa IMPACTA, sus modalidades y el proceso de inscripción:

Programa abierto también a directivas de Latinoamérica en modalidad online.

https://womanforward.org/liderazgo-f-impacta/ | info@womanforward.org

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